viernes, 23 de enero de 2009

OPINION SOBRE TESIS DE MIGUEL ASTURIAS

Sociología Guatemalteca: El problema social del indio

Al leer la Tesis de Miguel Ángel Asturias, persona que es digna de admiración por sus escritos, me siento impactada y a la vez en total desacuerdo con sus ideas y pensamientos.
No estoy de acuerdo al hablar así de cualquier raza “El cabello es de firme color negro, espinudo, como se le llama vulgarmente, y se extiende con toda regularidad sobre la cabeza, abundando hacia delante, a la altura del frontal. Recuerda una brocha”.
En realidad el autor estaba caricaturizando los estereotipos que manejaban los mestizos ladinos de entonces para referirse a la raza esclavizada que llevaban en la sangre.
Asturias hace suyas las apreciaciones que no son dignas de una persona de su nivel intelectual “También es notable su facilidad para imitar (cualidad de las razas inferiores) gracias a esa facilidad es hábil para la arquitectura y el dibujo; pero es incapaz de crear”, o cuando expresa su tesis de traer alemanes a mezclarse con las mujeres indígenas para que los hijos sean bellos, grandes y fuertes.
Con esta tesis podemos concluir que las investigaciones son indispensables pero también, cuando se acumulan sin revisión, son una amenaza para la renovación de la vida, es necesario aprender a juzgar la función que cada una de ellas desempeña en las diversas coyunturas históricas.
La amplitud de los problemas heredados y el grado de tensión social alcanzado en aquel entonces no es cosa como para pasarlos por alto.
En este nuevo contexto, en nuestra actualidad, la diversidad se convierte en una manera de abordar el mejoramiento de nuestra vida en común, cuyo fundamento es la aceptación de una visión plural del mundo. La diversidad cultural es percibida aquí como integración y no como superposición o yuxtaposición de culturas, y que la sociedad en la cual ella se expresa es ante todo una sociedad de saberes compartidos.
El problema que veo es cuando los etnonacionalismos, feminismos, y demás "ismos" se tornan esencialistas y fundamentalistas. Es decir, cuando se proclaman como portadores de verdades esenciales, inamovibles e indiscutibles, y cuando postulan sujetos esenciales, fundamentales y superiores a los sujetos con los cuales conviven, proponiendo superarlos pero, en realidad, buscando darle vuelta al lado que mas les convenga nada más.
Así, los etnonacionalismos fundamentalistas se auto-constituyen en liberadores del racismo y el etnocentrismo, pero ellos mismos buscan ocupar el lugar del opresor contra el que luchan para poder oprimirlo. Igualmente, los feminismos anti-masculinos buscan voltear el lado del machismo y convertir a ciertas mujeres en los sujetos que hagan a los hombres todo lo que éstos les hacen a las mujeres. Así las cosas, los movimientos pretendidamente emancipadores, al esencializarse postulando por ejemplo a Los "Mayas" o a La Mujer (con mayúsculas) como sujetos superiores, dejan de ser emancipadores para pasar a ser otra versión del viejo autoritarismo.

Opiniòn acerca de "Ensayo sobre etnicidad"

Al leer el Ensayo sobre etnicidad elaborado por el Antropologo y Periodista Estuardo Zapeta, vi una realidad muchas veces oculta para extranjeros como yo que residimos en el paìs , y es que en realidad desde mi punto de vista en Guatemala hay un diálogo ausente y una deuda histórica con los indígenas.

Desde la llegada de los españoles hasta nuestros días, hay una línea de continuidad política que no reconoce en el territorio la presencia de una todavía significativa cantidad de poblaciones indígenas.
Condenados a vivir en condiciones de extrema pobreza y marginalidad, ellos son fiel muestra de la intolerancia y falta de respeto que las culturas nacionales han otorgado a los pueblos originarios. Porque hay algo más: no sólo la condena a la miseria sino a la desaparición, como etnia y como cultura.
El derecho a la existencia del “otro”, del diferente al supuesto habitante “estándar” de los Estados, parte de la propuesta tramposa de aceptarlo con la condición de que deje de ser lo que es: si el otro renuncia a sí mismo puede ser considerado como mi conciudadano e incluso, eventualmente, como mi semejante. En esta lógica perversa reside, precisamente, la “captura” del indígena como mano de obra regalada (ojalá pudiéramos decir barata) y la cada vez más creciente pérdida de sus valores y cosmovisión.
Porque finalmente de lo que se trata es de aceptar y convivir con este otro que tiene otros modos: otra forma de entender la economía, la justicia, la cultura, la educación.
Ciertamente, este debate tiene infinidad de matices, y más allá de que existen autores que se encuadran en uno u otro extremo, también existen aquellos que intentar adoptar una postura intermedia, destacando las ventajas de seguir defendiendo desde una postura liberal el ejercicio de determinados derechos, pero sin dejar de destacar la importancia que para el individuo reviste la membresía a un grupo étnico.
Si no reconocemos derechos diferenciados que surgen de las propias diferencias de estos pueblos, el Estado no podrá garantizar una inserción plena, que reduzca la vulnerabilidad de los grupos afectados, y que les de cabida dentro de un marco democrático de interacción.

Esto no significa que la tarea sea sencilla, y que no existan problemas que merezcan una reflexión
más profunda (como lo es la vigencia de los derechos humanos), pero lo cierto es que hoy es impensable concebir un Estado de Derecho "genuino" que no implique el respeto a la diversidad.