
El concepto de nación promulgado por filósofos latinoamericanos suele ser el de ver a las regiones hispanas en América como parte de una nación, la cual no va seguida por un Estado. Este concepto se basa en un mismo origen colonial, la lengua y paralelos históricos. Para diferenciarse de Europa, se promulgó paralelamente con el movimiento nacionalista étnico en Europa el concepto de la nación iberoamericana como unidad étnica, basada en el mestizaje y se intentó demostrar por qué ésta debería ser superior a otras, mientras que en Europa se intentaba demostrar por qué la mezcla de antiguas etnias sería mala.
El concepto de nación en Latinoamérica no es claro. Mientras a nivel oficial se suele utilizar el concepto como equivalente a Estado territorial, los ideólogos y filósofos promulgan el sentido de nación latinoamericana, así como se encuentra también el de nación iberoaméricana o a mayores generalizaciones, partiendo especialmente de la lengua no española, sino latina y viendo los países romances como aquellos Estados pertenecientes a una nación común. Asimismo, existe también el sentimiento nacionalista de carácter regional que se contrapone al de una nación general. De manera general, los estados latinoamericanos buscan mantener claras ciertas diferencias respecto unos a otros, motivados por el hecho de procurar legitimar el carácter de independencia cultural al cual tienen derecho.
Sin embargo, es preciso -al hablar de identidad nacional o social- comprender que este no es un concepto estático, que se presenta como en estado de congelamiento, sino que -por el contrario- es un concepto altamente dinámico y cambiante.
Normalmente, desde posiciones pretendidamente nacionalistas, chauvinistas y folklóricas, no se tiene en consideración que el concepto va adoptando y adaptando perfiles diferentes, según sea el momento histórico que le toca transcurrir por el imaginario social de los pueblos que lo portan. En todo caso, la identidad nacional de los pueblos iberoamericanos, desde el período en que Iberoamérica estaba habitada por aborígenes hasta la actualidad, solamente tiene como constante una continuidad geográfica, la que vio la luz durante el Siglo XIX. A partir de que se puso en marcha la gran corriente inmigratoria, proveniente de Europa hacia nuestras costas, hecho que ocurrió desde finales de aquél siglo y hasta aproximadamente 1930, la identidad de nuestros pueblos fue modificándose. Ese movimiento migratorio fue cambiando la identidad -nacional, social y cultural- de cada uno de los pueblos integrados en una Nación/Estado; de tal suerte fue aquel fenómeno, que se ha ido constituyendo una identidad nacional diferente a la existente en la época precolombina y, en estos momentos en que los aluviones inmigratorios se producen dentro del espacio geográfico de toda América -en especial entre países limítrofes-, entonces es posible hablar de una suerte de "latinoamericanización" de nuestros pueblos. Cosa esta que fundamentalmente está afectando -por ejemplo- a los Estados Unidos de Norteamérica, merced a la "invasión" de hispanohablantes que llegan del resto del continente.
Cuidar, la identidad nacional no supone declararles la guerra a las influencias de otras culturas. Es más bien preocuparse por que esas influencias sean integradas a lo que ya somos , para serlo cada vez más y para serlo mejor. Ello, por supuesto, requiere que tengamos clara conciencia de nuestra individualidad y que, no renunciando a la misma porque no nos acarrea vergüenza, queramos su desarrollo y afianzamiento a la par del progreso moderno. La tarea, pues, consiste en definir esa identidad nacional y luchar por su aceptación como un valor no despreciable al ser la obra concreta de unos hombres auténticos que también trabajan en el mundo.

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